Romancillo
Por la vereda baja
la dulce niña
cabello de azabache
piel de vainilla
Por la vereda viene
Quien es mi vida
Manantial de mis bienes
Y mi alegría
Por el sendero llega
Mi alma querida
Quien hasta el mismo infierno
Perseguiría
Camino de la fuente
Por agua iba
En el talle apoyada
Lleva la tina
Llegándose hasta el chorro
Del agua fría
Para saciar su gana
El cuerpo inclina
Y por el gentil rostro
de boca fina
resbala a borbotones
la fresca linfa
Habiéndose saciado
Cual sed traía
Sirviéndose de un lienzo
Sus labios limpia
Tizones que jalonan
Blancas esquirlas
Seda de oro bordada
Los acaricia
Seda por la que un ángel
Sintiera envidia
Oculto a su mirada
De aguamarina
Muy quedo un poco empujo
La celosía
Susurro de los goznes
Cual leve brisa
Alcanza sus oídos
Y me adivina.
Turbado tengo el alma
Por mi osadía
Y en todas mis entrañas
El fuego anida
De súbito sus pasos
Los encamina
Por la senda empedrada
Hacia la villa
Y en llegando muy presto
Cabe la esquina
De su garganta brota
Pura armonía
De sus labios bien oiréis
Lo que diría:
“Caballero Dios os guarde,
muy larga vida
a pedir permiso a vos
me atrevería
si no es contra el oficio
de su hidalguía”
“Di presto qué deseas
hermosa niña
al punto tu demanda
será cumplida”
“A vuesa merced quedo
agradecida
¿Me concede la venia
su señoría
para henchir la tinaja
con agua límpida
que dimana la fuente
de acullá arriba?
que desparrama plata
que da la vida
que surte puro néctar
excelsa linfa.
Permiso te concedo,
llena la tina
del agua de la fuente
que es fresca y limpia.
La plata que refieres
es de mentira
al lado de tu piel
de seda fina
el nectar que mencionas
hiede a pocilga
al lado de tus labios
pura ambrosía
Aliento de tu boca
eso es la linfa
que abrasa cuando roza
'que da la vida'
diciendo estos requiebros
con voz muy tibia
la mano a sus cabellos
tiendo enseguida
y en llegando a su rostro
los acaricia
El junco de su cuerpo
se extremecía
al punto que su faz
enrojecía
tomela entre mis brazos
con cortesía
juntamos nuestros labios
en aquel día
y el resto del relato
ya se imagina
Por la vereda sube
presto hacia arriba
dichoso el caballero
con él traía
a la grupa montada
la dulce niña
cabello de azabache
piel de vainilla.
Rock Roderik
Romance de la Hija del rey de Francia
De Francia partió la niña,
de Francia la bien guarnida,
íbase para París,
do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino,
errada lleva la guía,
arrimárase a un roble
por esperar compañía.
Vio venir un caballero
que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido,
de esta suerte le decía:
-Si te place, caballero,
llévesme en tu compañía.
de Francia la bien guarnida,
íbase para París,
do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino,
errada lleva la guía,
arrimárase a un roble
por esperar compañía.
Vio venir un caballero
que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido,
de esta suerte le decía:
-Si te place, caballero,
llévesme en tu compañía.
-Pláceme, dijo, señora,
pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo
por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas
y él subiérase en la silla.
En el medio del camino
de amores la requería.
La niña, desque lo oyera,
díjole con osadía:
-Tate, tate, caballero,
no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato
y de una malatía,
pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo
por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas
y él subiérase en la silla.
En el medio del camino
de amores la requería.
La niña, desque lo oyera,
díjole con osadía:
-Tate, tate, caballero,
no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato
y de una malatía,
el hombre que a mi llegase
malato se tornaría.
El caballero, con temor,
palabra no respondía.
A la entrada de París
la niña se sonreía.
-¿De qué vos reís, señora?
¿De qué vos reís, mi vida?
-Ríome del caballero
y de su gran cobardía:
¡tener la niña en el campo
y catarle cortesía!
Caballero, con vergüenza ,malato se tornaría.
El caballero, con temor,
palabra no respondía.
A la entrada de París
la niña se sonreía.
-¿De qué vos reís, señora?
¿De qué vos reís, mi vida?
-Ríome del caballero
y de su gran cobardía:
¡tener la niña en el campo
y catarle cortesía!
estas palabras decía:
-Vuelta, vuelta, mi señora,
que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta,
dijo: -Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese,
en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia
y la reina Constantina,
el hombre que a mí llegase
muy caro le costaría.
Anónimo (siglo XV)
La Dama y el Unicornio. Tapiz siglo XV. Escuela flamenca. Museo nacional de la edad media. París.


